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Padre Marco Antonio Henríquez Rivera:
"PAKISTÁN ME AYUDÓ A VALORAR MI IGLESIA, MI PAÍS Y A SANARME DE LA TENDENCIA TÍPICA DE LOS CHILENOS A ENCONTRARLO TODO MAL"
El primer sacerdote columbano chileno, de 45 años, es también el único que se encuentra misionando en Pakistán y además, es el compatriota que estuvo más tiempo radicado allá.
En 1994 partió por primera vez como seminarista y estuvo hasta 1995. Luego, tras ordenarse sacerdote fue enviado como misionero en 1998, y desde entonces ha permanecido compartiendo con la cultura musulmana.
Su congregación arribó a ese país en 1979 como parte del proyecto de entrar en diálogo con el Islam. El 97% de la población pakistaní es musulmana. "Quisimos también dar asistencia a los cristianos que allí viven, y que hoy son fácilmente 6 millones", agrega.
"Pakistán es un país de contrastes grandes, por un extremo, se da el lujo de tener un arsenal nuclear y por el otro, ostenta tasas altísimas de mortalidad infantil, la salud es muy precaria. La pobreza es mayor que la riqueza. Se ven enfermedades que en Chile ya no existen: poliomelitis, tifus, etc.", explica el padre Marco.
Étnicamente es muy diverso y aunque el urdu es el idioma oficial, se hablan cientos de lenguas diferentes. "Todos los misioneros le dedicamos mucho tiempo al idioma, porque aprenderlo es esencial. Nosotros los columbanos no tenemos colegios, solamente parroquias".
Su lugar geográfico de misión es en Punjab, en el norte del país. Y aunque ahora quería ir al sur, las necesidades pastorales lo motivaron a regresar al norte.
"Mi última etapa estuve en Lahore, es una ciudad donde predomina la cultura punjabi. Hay minorías silk, hindúes y cristianos. Los punjabi tienen una manera de ver la vida en torno a la celebración, bastante similar a la nuestra, son alegres, extrovertidos. Quizás por el hecho de ser tantos, porque es un país enorme, no se valora mucho el silencio. El grupo familiar es muy importante y nadie se imagina fuera de la familia, es extendida, fuerte. En Chile ha ido cambiando esto. Todos trabajan para todos allá en Pakistán. La presión de ayudar a la familia está siempre. La religión es otra característica dominante. Los pakistaníes son eminentemente religiosos, y la religión penetra toda la sociedad. No hay fenómeno de secularización", relata.
• ¿Son discriminados los católicos?
"Yo creo que sí, pero más que los católicos, son discriminados los cristianos. Hay marginación y opresión, solapada, poco visible, pero está. Hay incidentes serios que explotan de vez en cuando. Siempre la mayoría va a querer hacer prevalecer lo suyo. Si hay dos personas postulando a un trabajo y uno de ellos es cristiano, van a preferir darle la vacante al musulmán. Primero va a estar el musulmán, para los cristianos es difícil superarse y romper con esto. Por eso nosotros insistimos tanto en la educación, porque es la única manera de cambiar esta realidad".
• ¿De qué manera dignifican la realidad tan cruda que le toca vivir a la mujer en Pakistán?
"Nos preocupamos de alfabetizarla, es decir, que aprendan básicamente a leer y escribir. Es impresionante el cambio que se da en ellas cuando aprenden. La realidad de la mujer en Pakistán es difícil y bastante precaria. La discriminación es fuerte. Tiene que ver con la influencia cultural del Islam, donde claramente, las oportunidades son primero para el hombre. La mujer está confinada a la casa y a la procreación, como era en Chile hace 40 ó 50 años, allá es más brutal sí. Nosotros tratamos de cambiar un poco esa realidad. Siempre incluimos a las mujeres en nuestro trabajo, la promoción de la mujer es fundamental en nuestra labor misionera".
• ¿Qué otra actividad merecía su mayor atención?
"La visita a las familias que trabajan haciendo ladrillos, desde los niños a los padres. Esas familias son muy explotadas y oprimidas. Nosotros los acompañábamos. Mi trabajo mayoritariamente consistía en visitar gente. Siempre tuve una parroquia, geográficamente son muy grandes, con 150 aldeas, tan grande como Los Andes. Siempre me desplacé en moto para llegar a todas las aldeas".
• ¿Cómo estaba constituida su comunidad, su casa?
"Por 14 curas, 4 a 5 misioneros laicos, creo que soy el primer chileno que ha llegado a misionar a Pakistán. Soy el único latinoamericano. A veces es complicado, pero somos todos misioneros, nos ayuda desenvolvernos juntos, trabajar nuestras diferencias y enfocarnos en la misión".
• ¿Te has preguntado si lo que haces como misionero es lo que imaginaste?
"Pakistán debe ser uno de los países más difíciles para ser misionero. Es el más desafiante, porque es todo extremo, la cultura es muy diferente a lo que uno conoce. Vas a Corea, Taiwán, China y aunque es distinto, mi lugar de misión es mucho más. Desde el punto de vista misionero, Pakistán respondió a todas mis expectativas".
• ¿Qué ha sido lo más difícil para ti?
"Sin duda, adaptarme al clima. Las temperaturas en verano se elevan a los 47, 48 grados. El calor y la mugre me afectaron. Pakistán es un país muy sucio, la basura se acumula en las esquinas, no se retira, hay muchas moscas, se usan animales para tracción, burros y caballos. Lahore tiene 10 millones de habitantes. Si vas a un lugar exclusivo también ves basura, moscas en medio de casas bonitas. Cuesta acostumbrarse a eso".
• ¿Y respecto a los jóvenes qué nos puedes contar?
"Los jóvenes pakistaníes no están influenciados por internet ni la televisión. Están más imbuidos de su cultura, no hay hiphoperos ni metaleros. La religión musulmana es muy estricta. Los jóvenes no tienen problemas de drogadicción ni menos de alcohol, porque está prohibido. No hay botillerías. Socialmente no tienen esos problemas".
• ¿Qué es lo más problemático en Pakistán?
"La pobreza es lo más problemático, es enorme. Es un país muy corrupto, no hay políticas sociales, ningún gobierno se ha propuesto erradicar la pobreza. Se hace lo que se puede. El tema de la pobreza no es tema, para ellos es más relevante la guerra, el armamentismo".
• ¿Diría que en Chile estamos mucho más avanzados socialmente?
"Claro que sí. Los chilenos nos quejamos demasiado. Lo dije en el programa Patiperros, de TVN, que yo me sané de hartas cosas cuando llegué a Pakistán: me curé de ser extremadamente negativo, los chilenos somos quejones y negativos, todo es malo, vamos de mal en peor, sin embargo, yo ahora veo sólo mejoras, los supermercados llenos, las carreteras avanzan, cuando uno sale de Chile se da cuenta de eso. Somos llorones. Tenemos tendencia al lamento, a la queja, nos queremos poco, nos tiramos para abajo. Después de estar fuera de Chile me quiero más. Me doy cuenta que las instituciones funcionan, el gobierno funciona. Hay un país con estructura, con sistema, funciona. En Pakistán todo funciona a medias, lamentablemente nunca se podrá desarrollar como otros países".
• ¿De qué otra cosa dirías que sanaste?
"Ahora valoro mi Iglesia de manera distinta. Tenemos una vida de Iglesia envidiable, con gente comprometida, es profética y a tono con los tiempos. Uno afuera madura más rápido, creo que maduré como persona, como sacerdote, tengo una visión más amplia de las cosas, son experiencias impagables, fantásticas. Es un privilegio, una experiencia dura pero privilegiada".
• ¿Cómo se vive estar inmerso en un país eminentemente musulmán?
"Nunca me he visto envuelto en asuntos formales con los musulmanes, pero sí he convivido con ellos. Hoy las cosas no están para un diálogo formal, de sentarse a conversar sino que es un diálogo de la vida, del compartir el día a día nada más. En Pakistán hay problemas que afectan a todos, musulmanes y cristianos. Podríamos hacer cosas en conjunto, pero no es posible aún. Mi contribución es simplemente vivir en un país donde el 97% de la población es musulmana, haber conocido musulmanes por dentro, cómo rezan, cómo viven su fe, las dudas que plantean".
• Siempre se escuchan noticias de violencia en ese país, ¿es tan así?
"Lo que sucede es que ellos tienen una forma de ver la vida distinta a la nuestra. Muchos años atrás, escuché una conferencia de un jesuita que había estado en India y recuerdo que dijo algo que nunca olvidé: en esas partes del mundo las cosas le pasan a uno, la vida viene a uno y así, todo. Es una mentalidad muy realista. Uno en Pakistán escucha que han matado a 100 personas en una explosión y la vida sigue exactamente igual. No hay reflexión, no hay inquietud. La vida y la muerte vienen a uno. A nadie le gusta que eso pase, pero pasa".
• ¿Cuál es el origen de la violencia en Pakistán?
"Es un problema de índole religioso, en la que un grupo minoritario y fundamentalista tiene como objetivo tomarse el país y hacerlo más profundamente islámico, medievalmente islámico. Tienen armas y ejercen control por el miedo, por el terror".
• ¿Qué se siente ante la cercanía de la muerte?
"Es trágica pero no tiene la connotación atroz que tiene acá. La gente dice que es la voluntad de Dios y punto".
• ¿Cómo ha sido su regreso a Chile, cómo se ha acogido su testimonio?
"Hay bastante curiosidad, la gente tiene interés genuino por saber cómo uno se integra a una cultura y como saben de los hechos de violencia que han ocurrido en Pakistán, tienen interés en saber cómo me fue, y cómo sobreviví a todo esto".
• ¿Sientes que todavía la Iglesia está en deuda con la misión?
"Creo que a pesar de todos los intentos, falta una voluntad más real de asumir el compromiso misionero ad gentes, jugársela. Somos muy localistas, encontramos que es bonita la misión, pero cuando hay que enviar, nos ponemos cautos. Falta convencimiento, más que generosidad. De la misma manera en que Dios ha sido muy generoso con esta Iglesia chilena, es hora de que nosotros también seamos generosos. Hemos sido bendecidos, tenemos un caminar que es bueno llevar a otros países. La misión ad gentes no es más que escuchar el llamado profundo de Dios a llevar su mensaje a todas las naciones de la tierra. Eso no tiene nada heroico, es simplemente responder al llamado".
El padre Marco está pronto a regresar a Chile para prestar un nuevo servicio misionero. |







