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Tenemos 14 invitados conectado| 2009- Testigos de la Misión Octubre Noviembre |
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Tras 12 años de permanencia en África, este sacerdote de El padre Claudio Jeria tiene 58 años y se fue de Chile en 1996 justo el 3 de junio, día que se conmemora a los mártires de Uganda. Su padre murió dos años después, cuando él estaba misionando. Llegó a Burundi en un avión de ayuda comunitaria junto a un grupo de Médicos sin Fronteras porque se había producido un golpe de estado. Estuvo meses esperando en Francia para poder ingresar. Han pasado 12 años desde entonces. Hoy dice que puede morir allá tranquilamente. No tiene fecha de regreso. Es el “decano” de los schoenstattianos chilenos en el continente negro, el único de toda la comunidad que permanece, aunque han estado otros, entre ellos el padre Mauricio Cox, por tres años. “Burundi es un país muy pobre, pero es gente muy acogedora. Ellos tuvieron una crisis muy grave que en 10 años –desde el 93 hasta el 2003– causó 300 mil muertos sin contar los que fallecen por efectos secundarios como el hambre, el desplazamiento, en fin, muchas secuelas que la guerra deja y que no están en las estadísticas: la malnutrición de los niños, su falta de educación, la orfandad en que quedan muchos menores, etc.”, explica el padre Jeria. Los burundenses llaman a este período como “la crisis”, y aunque el país está dejando atrás la guerra, todavía quedan algunos estertores, con ataques sorpresivos. Claudio Jeria cuenta: “Eran como 17 grupos guerrilleros que tuvieron que integrarse en un solo ejército y en el gobierno se tuvo que hacer cuoteo político. Había un grupo muy fanático, el FNL, ellos perseveraron en la idea de ganar la guerra y no quisieron integrarse a las negociaciones, después se dieron cuenta que las negociaciones se estaban consolidando y los amenazaron: o se rinden y se integran, o vamos a tener que aniquilarlos. Se integraron, pero cuando enfrentan condiciones desfavorables, algunos de sus miembros se salen y cometen atentados terroristas”. Los problemas más difíciles vienen ahora porque hay que construir un país, y es una nación pobre. “Hay muchos planes de ayuda de naciones europeas, especialmente de Bélgica, porque Burundi fue colonia belga, hacen planes de ayuda junto con Francia, por ser país francoparlante. Pero no es fácil, por la corrupción. Uno va a pedir un servicio a la municipalidad, te preguntan si no tienes por ahí una “fanta”, que es la forma como te piden una coima por prestarte el servicio. Si no lo haces, el trámite es eterno. Puedes pasar cinco años tratando de tener un teléfono, pero si les das una fantita, entonces la cosa avanza y en un mes está listo. Esa corrupción es un problema, te hablo de cosas pequeñas pero se generaliza”, agrega el misionero. Da un ejemplo de la gravedad de este hecho: “Hace un par de años hubo una huelga de profesores, les pagaban cada tres meses y llevaban ahora un año sin salario. Total que hicieron una huelga muy larga, finalmente Bélgica intervino y dijo nosotros les vamos a pagar los sueldos, porque el Estado dijo que no tenía plata. Bélgica da la plata y a los seis meses de nuevo otra huelga por lo mismo. Bélgica, de nuevo, puso la plata pero esta vez dispuso gente para vigilar que los pagos se hicieran efectivos”. Así funciona Burundi, el país que recibirá dentro de poco a otro sacerdote chileno: el jesuita Felipe Berríos, quien anunció en la prensa su decisión de dejar Chile y Un techo para Chile, y todas las labores que realiza para acompañar al pueblo burundense en su caminar. El padre Claudio Jeria explica que el 60% de los habitantes habla francés, pero en el campo donde vive el 95% de la población, la mayoría habla kirundi, la lengua oficial. En el censo de 1992 se determinó que hay un 63% de católicos, muy alto si pensamos que en África hay un 16% de cristianos. Luego están los protestantes, 5%, y hay 1% de musulmanes y el resto son animistas. • ¿Dónde vive usted en Burundi? “Nosotros vivimos en Bujumbura que es la capital, en la parte que es frontera entre el mundo rural y el mundo urbano. De hecho todo lo que hemos construido está en el mundo rural. A nuestro lado izquierdo está un sector más pudiente, y al lado derecho, los pobres, pero pobres. A nuestra Iglesia llegan todos, de un lado y de otro, la idea es promover la solidaridad entre todos”. • ¿En qué consiste su trabajo? “Nuestro trabajo se enmarca a partir del santuario de Schoenstatt, tal como pasa en Chile, en todas partes del mundo funcionamos así, desde nuestra sede original que es Alemania. Bueno, esos santuarios se fundan para que • ¿Es un pueblo mariano? “Yo diría que sí. En Burundi, estamos desde 1962 con las Hermanas de María, los padres llegaron en 1972. El santuario se inauguró en 1994 y yo vivo en el santuario. • ¿Qué otras actividades realizan? “Tenemos una Casa de “NECESITAMOS GENTE” El padre Claudio Jeria confiesa que el trabajo es agotador: “Les decimos a todos que nosotros no necesitamos ni libros ni ideas, necesitamos GENTE, obreros, más sacerdotes, más religiosas, laicos, formadores de laicos. Es agobiante, pero es un lugar donde la fe ha sido muy fecunda, por ejemplo, si les digo que hagamos una vigilia, llegan 200 personas de inmediato, y no se conforman con la vigilia, quieren hacer una novena, son muy entusiastas. A las seis de la mañana hay mínimo 200 personas en la misa y de distinta condición: desde ministros de estado hasta campesinos. Yo los admiro mucho, vienen todos los días con entusiasmo, la juventud a las seis de la mañana llega, arma un coro y canta a todo dar, con alegría. Los admiro y tengo que ponerme al ritmo de ellos”. Sin embargo, admite que el trabajo más importante es como Nazaret, en silencio: “Todos los días con mis seminaristas, los acompaño en su formación. Eso requiere de mi parte una gran cercanía para ayudarles y acompañarles a crecer. Siempre he pensado que el protagonista de esta historia es el Espíritu Santo, y ellos. Nosotros los misioneros que venimos de afuera tenemos que ser humildes para no creernos los héroes, nosotros no somos el centro, sino los propios pueblos que nos acogen. Yo me inspiro en los modelos de los padres alemanes de Schoenstatt que llegaron a Chile, con humildad. Es lo que dijo Daniel Comboni, África debe ser evangelizada por los africanos. Nosotros sólo podemos ayudar”. • ¿Qué ha significado esta experiencia para usted? “Una alegría muy grande pues en mi corazón siempre había una campanita llamándome a irme a conocer otra cultura, desde mi formación como seminarista. Era amigo de los brasileños en esa época. Me mandaron primero a Ecuador, estuve en Quito seis años. He vivido situaciones duras en las que pude haber muerto varias veces, sin embargo, Recuerda en especial noviembre de 1996, en Mutumba, que significa santuario de la confianza. “Esa vez, el padre superior mío en Burundi, me encargó unos chicos para hacerle retiros una vez al mes. Partí al mediodía de un sábado, nos encontramos, había una escuela de niñas donde hacían trabajos comunitarios. Era un día de sol, las saludamos y partí a reunirme con los chicos al santuario. Pasó que ese día, se empezaron a escuchar unos tiros, pasé al hospital y todos los enfermos estaban debajo de las camas. Volví al santuario a celebrar una misa, y de repente empezó una batalla campal terrible. Las tropas de gobierno defendían el hospital, los asaltantes querían llevarse los medicamentos, todo. El santuario estaba en una lomita y yo veía cómo se movían las figuras, las balas que silbaban, me dije, mejor morir celebrando la misa, lo hice y cuando era el ofertorio, sentí que algo me rozó. Seguí con la misa. Después rezamos rosarios, uno tras otro. Esta batalla duró tres horas hasta que oscureció, murieron cuatro asaltantes. Cuando todo terminó, fui a mirar y había un agujero de bala y Dios quiso que no me diera. La bala quedó incrustada en el altar, la tengo guardada todavía”. • Estamos próximos a celebrar “Los dos grandes patronos San Francisco Javier y Teresita del Niño Jesús, nos dieron la pauta de lo que tenemos que hacer, con la oración y la activa evangelización, el apoyo económico, en fin, hay muchas formas de aportar a las misiones, yo les digo que no nos sea indiferente lo que pasa en otros lugares del mundo, la tierra no es sólo Chile, y que seamos capaces de establecer lazos reales, de apoyo o intercambio incluso”. “En todo este tiempo he aprendido mucho de los burundenses. Dicen que el corazón de san Pablo era el corazón del mundo, ojalá podamos tener un corazón amplio, vasto, abrir nuestros horizontes, y poder mirar que esta tierra no se agota en nuestra patria y que más allá de nuestro legítimo orgullo de ser chilenos, también podemos estar orgullosos de ser todos iguales y darnos las manos unos con otros, si hubiera una gran corriente de misioneros, en donde no sólo yo voy a dar sino también voy a recibir, sería muy bonito. Santa Teresita jamás se movió de su pequeño convento pero su corazón era amplio, y en su lecho de enferma se ofrecía por los misioneros, yo creo que en el cielo voy a saber cuánto le debo a ella y a tantos otros que han orado por mí. Puedes ser minusválido o anciano, y estar trabajando por la misión. Me gustan mucho los niños de |







