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2009- Gran Misionero de los Leprosos PDF Imprimir E-mail

 

               Canonización del Padre Damián de Molokai

                        Gran misionero de los leprosos

 

 

Una enorme alegría ha causado el anuncio de la Santa Sede respecto a la canonización del beato Damián de Molokai, misionero de la Congregación Sagrados Corazones, que tendrá lugar el 11 de octubre en la Plaza San Pedro en Roma. Nuestro desafío ante este gran modelo de santidad: descubrir dónde están los Molokai de nuestro tiempo.

 

 

En la calle Condell de Santiago se encuentra la sede central de la congregación Sagrados Corazones, que por estos días está de fiesta con la noticia de la próxima canonización del padre Damián de Molokai, “el mejor de todos nosotros”, según afirma el padre Enrique Moreno Laval, de 68 años, a cargo de la formación de seminaristas, de la editorial de la congregación y de la parroquia San Pedro y San Pablo.

 

Cuenta que se ha dejado barba porque está preparando una obra de teatro en la que él mismo personificará al primer santo que tendrá su congregación: Damián. Se trata de un monólogo, escrito por la australiana Aldyth Morris, del cual han extraído ocho escenas.

 

“Es muy bonito”, agrega el sacerdote, “el mismo Damián una vez muerto empieza a contar su vida”. La obra es una de las maneras de celebrar su pronta canonización y la primera vez que la presentaron fue hace tres años en Concepción. El próximo 10 de octubre, volverán a estrenarla en esa misma ciudad.

 

“Quisiéramos hacerlo también en Santiago, pero hasta ahora nadie nos lo ha pedido”, explica el padre Enrique Moreno.

 

También acaban de publicar un libro sobre la vida de este santo, para quienes deseen profundizar en su obra y su pensamiento. El título “Damián de Molokai, los amó hasta el extremo”, está disponible en la casa central y es un pequeño compendio de tres trabajos distintos: uno basado en sus cartas; el segundo es un retrato hecho por el Cardenal Danneels y el último, es un perfil de Damián, escrito por un hermano muy querido de la congregación chilena: el padre Esteban Gumucio.

 

El padre Damián vivió los últimos 16 años de su vida entre los leprosos de la isla de Molokai (Archipiélago de Hawai, Oceanía), hasta que contrajo la enfermedad y murió a los 49 años de edad.    

 

 

¿DE DÓNDE SACABA FUERZAS PARA HACER TODO ESTO?

 

“La centralidad de la vida del padre Damián era Jesucristo, de Él vivía, de Él se alimentaba, la celebración de la Eucaristía era su centro, entonces su amor a los pobres también estaba en el centro de su vida. Son dos cosas que están una al servicio de la otra: de tanto amar a Jesús, actuó como Jesús. Dentro de todo eso también hay otra cosa: cuando por Jesús va hacia los pobres, va construyendo con esos pobres una sociedad cada vez más humana. Damián no solamente es sacerdote para ellos, es también enfermero, el constructor de sus casas, el hombre que los organiza socialmente, el que les enseña música, es su profesor, su compañero, su consolador, lo es todo, y la función de él es humanizar esa vida tan inhumana que los leprosos llevaban. También los defiende de las autoridades de la isla, de algunas autoridades de la Iglesia que no son tan comprensivas como debieran, tiene discusiones, a veces por culpa de malentendidos”, relata el padre Enrique Moreno.

 

Además, trabajó con una apertura inmensa, porque a él también se le señala como el gran precursor del Ecumenismo. “Quienes primero reconocen la labor del padre Damián son los protestantes, los pastores de la Iglesia Anglicana. Incluso recibió comentarios elogiosos de Mahatma Gandhi que llegó a decir: ‘Pocas veces la humanidad ha conocido casos tan admirables como el padre Damián, habría que preguntarse de dónde sacaba fuerzas para hacer todo esto’. Entonces, podemos decir que su impacto fue más allá de la Iglesia Católica”, agrega.         

 

Un hecho es innegable, afirma el sacerdote: Si eres creyente, tienes que ir con Jesús y necesariamente Él te lleva a los pobres. Tres años antes de que muriera leproso, el 15 de abril de 1889, llegó a la isla un laico estadounidense llamado Joseph Daton, a quien Damián llamaba el hermano José. Este hombre tenía una historia muy curiosa, se había casado y su matrimonio fracasó, se sintió frustrado y se volvió alcohólico. Salió del alcoholismo y se hizo cristiano y entró a los monjes trapenses por casi dos años. Pero salió y escuchó a un escritor norteamericano hablar de Damián. Se entusiasmó y se fue al archipiélago. Mucha gente lo iba a visitar, gracias a eso tenemos pinturas de Damián de artistas que fueron a retratarlo.

 

“El hermano José acompañó al padre Damián en todo su proceso de enfermedad y muerte, se quedó 45 años en la isla y murió a los 88 años y no de lepra. Sin embargo, dijo una frase muy bonita: “En cualquier parte del mundo hay un Molokai” y yo creo que es una frase que seguramente le escuchó decir al padre Damián”.

 

 

El padre Enrique Moreno estuvo en las islas del archipiélago, incluso celebró misa en una iglesia reconstruida por Damián. “En el aeródromo está la frase de Joseph. Es muy potente. Así como Damián fue a Molokai, hoy tenemos que ir nosotros a Molokai. Hay que descubrir en donde están los Molokai de hoy”.

 

 

CONGREGACIÓN MISIONERA DESDE SUS INICIOS

 

Para la Congregación Sagrados Corazones, Damián ha significado el despertar de muchísimas vocaciones gracias a su ejemplo. “Muchos hermanos que conocieron su historia dijeron ‘yo quiero ser como él’. Conozco sacerdotes de otras congregaciones que también vieron nacer su vocación con el ejemplo de Damián. El fue uno de los motivos por el cual yo también entré a la congregación.

 

“Damián ha sido muy importante y por el mismo hecho que va a ser canonizado, uno puede decir que es el mejor de todos nosotros, de nuestra congregación. El que mejor ha encarnado a Cristo, lo que nosotros quisiéramos vivir, es nuestro primer santo y un ejemplo notable de santidad. Su canonización nos conmueve, pero también nos interpela, podemos esperar de nuestra congregación un compromiso más radical con los pobres y no quedarnos cómodamente, celebrando con mano ajena la gloria de un hermano santo”.

 

Damián nace en 1840 cuando la congregación ya tenía 40 años de fundada. El Papa le había pedido a la entidad que se hiciera cargo de las misiones de Oceanía, que abarca desde las islas Hawai hasta más al sur. Todas esas islas fueron evangelizadas por esta Congregación.

 

“Incluso para allá iban nuestros hermanos en 1834 cuando hicieron escala en Valparaíso para llegar a Tahiti. Hubo un desperfecto en el barco y tuvieron que esperar más de lo previsto y se quedaron ayudando a un sacerdote del puerto. Cuando pudieron partir de nuevo les rogaron que se quedaran y dos de ellos lo hicieron. Por las misiones de Oceanía fue que llegó nuestra congregación a Chile. Nuestra congregación es misionera desde sus inicios, acá en Chile ha sido conocida por la educación, pero es más misionera que otra cosa. Nosotros estamos disponibles para cualquier misión que la Iglesia nos encomiende”, explica el padre Enrique Moreno.                                           

 

Es así como en la actualidad tienen hermanos chilenos misioneros en África, en Perú, en Brasil, y en otros lugares muy difíciles y apartados.                                                      

 

En Molokai todavía están presentes. Incluso en el lugar mismo donde vivió el padre Damián, todavía quedan dos o tres leprosos (porque hoy esta enfermedad ya está controlada). Pero fue un hecho casual el que lo llevó hasta allá.

 

Damián nació en Bélgica. A los 23 años, su hermano mayor que era sacerdote fue enviado a ir de misión a Oceanía, pero se enfermó y él quiso ir en su lugar. Cuando llegó tras 150 días de navegación, el Obispo quedó molesto porque él quería sacerdotes y no seminaristas. Decidió que él mismo lo terminaría de formar. El nombre de pila de Damián es José pero cuando entró a la congregación se cambió su nombre a Damián. Él llegó un 19 de marzo, día de san José. Y el 21 de mayo, el Obispo lo ordenó sacerdote. “Fue una ordenación express porque en ese entonces existía el subdiaconado, luego el diaconado y luego el presbiterio. Era muy joven cuando se ordenó”, cuenta.

 

Estuvo 10 años trabajando en la isla grande de Hawai y después, cuando el Obispo pide voluntarios por tres a cuatro meses para ir a Molokai, donde las autoridades recluían obligadamente a los leprosos, hombres, mujeres y niños, Damián es el primero que se ofrece, tenía 33 años,  y se quedó allí por 16 años. Murió a los 49, cuatro a cinco años antes de morir contrajo la lepra. 120 años después será canonizado.

 

“En 1995 cuando fue beatificado, había que fijar una fecha litúrgica de su fiesta, lo lógico era que fuerael 15 de abril, día de su muerte, pero el Vaticano dijo que esa fecha era probable que tocara muchas veces la semana santa, que buscásemos otra, y escogimos el 10 de mayo porque ese día de 1873 él ingresó a la leprosería por primera vez”.                                                      

 

Para la beatificación, el milagro ocurrido benefició  a una religiosa de la congregación a comienzos del siglo 20, que estaba desahuciada. Una hermana de su comunidad inició una novena invocando al padre Damián y a los tres días, la hermana se sanó completamente. El segundo milagro es el de una mujer que vive todavía, en la isla grande de Hawai.

                                                                                                            

• ¿Por qué demoró tanto la canonización?                                                   

 “Bueno, el padre Hurtado fueron 50 años y otros han requerido menos tiempo. En parte porque nosotros nunca nos movimos  mucho, teníamos mucha claridad de su santidad. Para esto hay que moverse, hacer lobby, y hubo una cierta sensación de para qué si sabemos que es santo, pero después se reconsideró la idea porque es un tipo de santo de una actualidad tremenda. Con un servicio a la Iglesia y al mundo, de manera excepcional. De la beatificación a la canonización sólo pasaron 15 años, no es mucho”, responde el padre Enrique Moreno.

 

Hoy son 850 religiosos sacerdotes en el mundo, además de 500 religiosas de la rama femenina, los que están celebrando con júbilo este acontecimiento.

 

En Chile se encuentran en Valparaíso, Melipilla, Santiago, Concepción y Valdivia, a cargo de ocho parroquias y tres colegios, además de centros juveniles. De aquí al 11 de octubre se harán diversas actividades para esperar con una vigilia la canonización, que será a las cinco de la mañana aproximadamente.                                                                                      

 

“En las ciudades más importantes pensamos hacer una misa con el Obispo del lugar”, finaliza el sacerdote.

 

Un hecho poco conocido de la vida del santo es que al igual que San Francisco Javier, Patrono de las misiones, el padre Damián “ardía de celo por la misión”. Francisco Javier era el héroe de Damián pues él iba de preferencia a la búsqueda de los leprosos. Predicaba el evangelio y bautizaba con energía. Viajaba a los rincones desconocidos solamente con un breviario, con un altar portátil y un paraguas. Era un verdadero atleta. Era lo que cautivaba a Damián, el gran Misionero de los leprosos.

 

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Julio - Septiembre 2010
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